el fantasma de la despensa se esconde detrás de la puerta cuando alguien entra. se esconde para hacerse a la idea de que lo pueden ver. pero nuestra personaje no lo ve, se esconda él o no. es porque hiceron un trato. él fantasma la conoce de cuando estaba vivo. sabe que su amiga no resistiría la aparición tal vez. aunque ella no ha ido al médico nunca a hacerse ver el corazón, él sabe que no funciona muy bien; puede morir de un susto. eso es algo que ella dijo a veces siendo él un vivo: su temor a morir precisamente del susto. así que no se le aparece. sólo si ella quiere. si ella no enciende la luz de la despensa al entrar algún día -este es el trato- él se le aparecerá: esa es la clave. ella no se está olvidando nunca de encender la luz. y esto ha hecho que el fantasma se aburra de la idea de sorprenderla en la despensa, porque con tanta luz nunca va a poder, no ya aparecerse, sino hacerse el escondido, pues no hay sombras donde confundirse.

por eso creemos que el charco misterioso que había hace un rato a la entrada de la despensa puede ser un rastro del fantasma, que necesita hacerse ver de algún modo. si hubiera sido pis de gato, roberto, al que yo llevaba agarrado de las patas traseras como carretilla, habría dado un gran rodeo, como siempre, y no lo hizo. si hubiera sido agua: ¿cómo habría llegado allí? la textura además era más densa, por cierto, que la pisé al salir.